¿Se nos olvida que vivimos en pareja?

¿Qué hay de diferente respecto a la pareja que fuimos mientras iniciábamos nuestra relación, o bien, durante el tiempo que duró nuestro noviazgo, y lo que somos hoy?

Es posible que muchos creamos tener la respuesta de inmediato, y diríamos que una de las principales diferencias entre la pareja de novios y la que somos hoy día son: “las responsabilidades”

Ahora somos responsables de una hipoteca, de la letra y los gastos del coche, de nuestros hijos, de su educación y bienestar, del trabajo, y así hasta un largo, larguííísimo etcétera.

Pero, entonces, ¿en qué lugar de esas responsabilidades queda la pareja?, ¿se nos ha olvidado que vivimos en pareja?

Muchos teóricos afirman que la relación de pareja pasa por tres fases principalmente:


La primera fase, sería la llamada Fase de Enamoramiento:
 

Durante este período de tiempo, impera el sentimiento de atracción hacía la otra persona, que nos lleva a idealizarla, para así justificar él porque no podemos resistirnos a esa atracción.
En esta fase somos capaces de utilizar términos extremos como: “Es el/la más guapo/a del mundo”, “No puedo resisitirme”, y nos entregamos al máximo sin contemplaciones y sin albergar la más mínima duda.


La segunda fase, es la que podríamos llamar Fase de Noviazgo:

Comenzamos un contínuo proceso de encuentros, destinados a compartir las más novedosas y gratificantes de las actividades. Vamos al cine, a bailar, a pasear, hacemos el amor siempre que nos apetece, y somos capaces de negociar y pactar sin que ello suponga ningún conflicto. (Naturalmente, hablamos generalizando).
De la atracción pasamos al conocimiento mútuo, pero dentro de un entorno positivo, que nos permite mantener nuestra independencia, ya que la mayoría en esta etapa aún no compartimos espacio.
Nuestros encuentros son eufóricos, novedosos, fantasiosos, lo que nos lleva a crearnos unas expectativas sobre el otro, que podríamos decir distan mucho de estar basadas en la realidad.
Esta es la fase en la que deberíamos esforzarnos por conocernos de verdad, mostrarnos tal y como somos, decir lo que nos gusta o lo que nos disgusta, lo que estamos dispuestos a dar y lo que no. Sin embargo, nuestro principal objetivo es “gustar”, resultar atractivo para el otro, causar una buena impresión, incluso somos capaces de hacer o dejar de hacer, decir o dejar de decir, en definitiva consentir cosas que en otras situaciones seguramente no consentiríamos. 


Tercera fase de Compromiso:

Y hasta aquí llegamos! Comienza la convivencia diaria, la toma de decisiones, las temidas responsabilidades y por supuesto, la rutina…
De repente… descubrimos al otro! ¡¡ Cielos!! ¿quién eres?
El ritmo diario, el trabajo, los hijos, ocupan tanto pero tanto tiempo, que hemos disminuido las actividades que compartíamos como pareja, y empezamos a sentirnos muy lejanos…
Aparecen pensamientos como: “Ya no me quiere”, “No le importan nada mis cosas”, “No le preocupamos nada ni los niños ni yo”, “Esto ya no tiene solución”.
Estos pensamientos, y muchos otros imposibles de recoger aquí, provocan sentimientos y emociones negativas, ira, desolación, angustía, rabía, tristeza, que a su vez nos conducen a un malestar y tensión en la relación, contribuyendo además, a que nos hagamos una imagen del otros totalmente negativa y contraría a la persona que nos atrajo en su momento.
Llegado a este punto ¿está nuestra pareja sentenciada?, ¿qué podemos hacer? Son muchas las parejas que acuden al especialista, solicitando Terapia de Pareja.La Terapia de Pareja, puede ayudar a concretar cuáles son las principales áreas de conflicto de una pareja. Qué pensamientos y que creencias están distorsionando nuestra forma de ver y sentir la relación.
Mediante ciertas técnicas y tareas, la pareja intentará incrementar los aspectos positivos de su relación, que parecen tan lejanos, e intentarán también quebrar la imagen negativa que han ido construyendo uno del otro en los últimos tiempos.


¿Se trata entonces de volver a idealizar?

No, de lo que se trata es de que la pareja adquiera estrategias que le permitan resolver sus conflictos, que puedan practicar otras formas de comunicación, que puedan volver a negociar y pactar tal y como eran capaces de hacerlos al inicio de su relación, y sobre todo, y sobre todas las cosas, que asignen un pequeño momento al día, tan sólo unos minutos a recordar que viven en pareja.

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